Hermana, te sigo esperando para jugar

Soy Luna, tengo siete años, vivo con mis humanos que dicen son mis papás, también tengo una hermana de cuatro patas que se llama Estrella, solo que hace mucho tiempo que no está aquí en la casa y no sé porqué.

La extraño mucho, desde que nos conocimos supe que seríamos mejores amigas y como sus papás eran los mismos que los míos después descubrimos que éramos hermanas. Todo lo hacemos juntas, comemos, salimos a pasear al parque, jugamos y somos las mejores cómplices para hacer travesuras.

Ella es más grande que yo, tiene trece años y yo tengo cuatro, pero la diferencia de edad nunca nos impidió divertirnos a la par.

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Ahora que no ha estado en casa, todo lo he tenido que hacer sola y eso me pone muy triste, a veces no tengo ganas de comer, de jugar ni de salir al parque, sin ella no me divierto igual, sin ella la vida no es igual.

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Me acuerdo cuando todo empezó a cambiar, de repente ella ya no tenía la misma energía de siempre, sí seguía jugando conmigo, pero sus movimientos cada vez eran más lentos y torpes, en ocasiones yo comía sola porque ella se quedaba acostada solo viéndome y así pasaron los días y cada vez yo la veía más débil.

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Un día mis papás se salieron con ella, la llevaban entre sus brazos, se acercaron a mí, me dijeron unas palabras y salieron de la casa, fue la última vez que vi a mi hermana Estrella.

Se tardaron mucho tiempo en regresar, cuando lo hicieron, venían solos, estaban llorando, mi papá abrazaba a mi mamá, pero ella no dejaba de llorar. Yo me acerqué para ver si podía ayudar en algo, solo me acariciaron la cabeza y me abrazaron.

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Desde ese día la casa se siente vacía, no sé qué pasó con mi hermanita y tampoco estoy segura de que la vuelva a ver.

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Ya pasó mucho tiempo y yo aun sigo con la ilusión de volver a jugar con ella, de sentirla a mi lado mientras dormimos, de hacer cosas juntas y de volver a sentirme acompañada por ella.

Ojalá suceda, porque la vida no es lo mismo desde que no está en casa.

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