La vida de los perros también da vueltas

Llevaba tres meses caminando por las calles, solo, con hambre, frío y triste, mi vida había cambiado de un momento para otro. Les diré mi nombre original, soy Lucas, aunque por un tiempo me llamaron Ramón.

La desgracia sucedió un día que mi dueño abrió la puerta de la casa y a mí se me hizo muy fácil salirme corriendo, solo quería jugar, corrí, corrí y corrí hasta que las fuerzas se me acabaron, pero de repente todo lo que estaba a mi al rededor era desconocido, no veía a mi dueño por ninguna parte, recuerdo que cuando me salí de casa lo escuché cerrar la puerta gritando desesperado.

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Relativamente no estuve tanto tiempo en la calle, pero a mí se me hizo una eternidad, para encontrar comida pasaban horas, para tomar agua, ni se diga y también fue complicado lidiar con los diferentes climas.

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Un día me topé con una niña, se llama Sofía en ese entonces tenía diez años, ahora tiene quince, así es pasé cinco años lejos de mi verdadera casa.
Sofía me acarició, me cargó y después de unos minutos estábamos en su casa, le suplicó a su mamá, Cristina, que la dejara adoptarme, la señora no estaba muy convencida, creo que eso siempre pasa con las mamás, pero al final accedió. Solo vivían ellas dos en ese lugar.

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Eran muy buenas personas, me dieron una vida maravillosa, me daban cosas ricas de comer, estaban al pendiente de mí, jugaban mucho conmigo y también, me llevaban con ellas a todos los lugares posibles. Por cinco años fui Ramón, me costó trabajo adaptarme al nuevo nombre, pero en fin, me resigné.

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Todo iba bien, sin embargo, no podía sacarme del corazón a mi humano de toda la vida, lo extrañaba mucho. Me preguntaba si él sentía lo mismo.


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Pasó el tiempo y mi pequeña humana me contaba que sospechaba que su mamá estaba saliendo con alguien, a ella no le gustaba mucho la idea, pero estaba consciente de que en algún momento eso iba a suceder.

Fue en una noche cuando todo cambió, se sentía el ambiente tenso, mi humana estaba contenta y nerviosa acomodando la mesa, la pequeña estaba incómoda y no se esperaba de mí en todo momento.
¡Había llegado el momento!

Continuará…

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