¿Por qué no te volví a ver, humana?

Hace cuatro años que no veo a María, ella era mi dueña, desde que tengo uso de razón había estado con ella. Recuerdo que llegué a sus manos en una caja de cartón, fui un regalo de su mejor amiga Valeria y me recibió con mucha felicidad, ilusión y cariño, aunque era un cachorro lo pude percibir.

Ella en ese entonces tenía veinticinco años, el primer día que pasamos juntos fue maravilloso porque estuvimos jugando todo el día, después me dio de comer, tomé una siesta y al final vimos su película favorita juntos en el sillón, ella me abrazaba y me acariciaba con mucho cariño.

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Fuimos los mejores amigos durante seis años, prácticamente hacíamos todo lo posible juntos, yo era muy feliz a su lado y puedo asegurar que ella era feliz conmigo, por eso a veces me cuesta mucho trabajo entender porqué se alejó de mí.

Era un día soleado cuando María recibió algo en su computadora y se puso a gritar como loca de felicidad, brincó, cantó, sostuvo mis dos patas delanteras y bailó conmigo, yo decidí compartir su alegría.

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Todo iba bien, hasta que un día hizo una llamada por teléfono, en esa ocasión se notaba triste y confundida, estuvo hablando por un buen rato, todo el tiempo viéndome, de repente empezaron a rodad lágrimas sobre sus mejillas y entendí que algo andaba mal.

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Los siguientes tres días no se separó de mí ni un solo instante, lloraba de repente y me abrazaba con mucha intensidad, también hablaba conmigo, pero yo no comprendía todas las palabras.

Sin saberlo, un día después mi vida cambió para siempre. María empezó a meter todas mis cosas en una caja y una maleta, no deja de llorar, me puso mi correa, salimos, nos subimos al carro y condujo a casa de Valeria.

Habló con ella, le dio mis cosas, procedió a abrazarme y me entregó a su amiga, volvió al carro y la vi marcharse, yo empecé a llorar, no lo pude evitar.

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Pasaron días, semanas, tal vez meses y yo me sentía muy triste, Valeria hacía lo posible por hacerme sentir mejor, pero no lo conseguía, dejé de comer y de jugar por varios días.

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Poco a poco me fui acostumbrando al nuevo ambiente, a estar solo por mucho tiempo en casa porque Valeria trabaja mucho, aunque cuando puede, trata de que hagamos cosas juntos, ella me trata bien y sé que se ha encariñado conmigo, ya son cuatro años de estar juntos.

Yo también le he tomado cariño y he aprendido a divertirme con alguien más que no sea María, pero no es lo mismo, en mi corazón quedó un vacío, el que espero llenar pronto.

Todavía tengo la esperanza de que mi humana volverá por mí y podré tener la vida de antes.

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