Regresé triste a casa porque no pude adoptar un perro

Mi nombre es Ulises, soy un niño de 8 años y hoy tuve, probablemente, el día más triste de mi vida, nunca había experimentado aquella sensación de vacío en el pecho, de impotencia y con ganas de llorar. Todo ocurrió en una actividad escolar.

Como parte de las dinámicas debíamos hacer un acto caritativo y el lugar eligido fue un albergue de perros que esperan ser adoptados. La intención fue que nosotros lleváramos, croquetas, cobijas, accesorios o cosas que les pudieran servir.

La verdad cuando me enteré que esa sería la dinámica me emocioné mucho porque amo a los perros y me entusiasmaba la idea de convivir, ayudar y jugar con muchos de ellos. Pero no fue como yo pensaba.

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Tenía la idea que todos los perritos eran felices y les gustaba jugar, sin embargo, los pequeños que estaban en ese lugar tenían cara de tristeza, sentían miedo si me les acercaba y se veían muy maltratados. Mi corazón se partió.

Estuvimos ahí aproximadamente dos horas, las cuales me bastaron para pensar en el motivo por el que ellos habían terminado en esta situación. Nos explicaron de los abusos y carencias que han tenido que superar para mantenerse vivos.

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Yo desde siempre he querido uno, pero mis padres me lo han negado, cuando toco el tema me dan una larga lista de razones por las que jamás admitirían a uno en la casa. Creo que jamás los convenceré.

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Solo pude acariciar a dos de ellos y lo hice con lágrimas en los ojos, pero les juro que traté de darles todo mi cariño durante el poco tiempo que estuve ahí. Me hubiera gustado llevarme uno o más, pero no iban a pasar la noche en mi casa y quien sabe cuál hubiera sido su destino.

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De alguna manera están mejor en ese lugar, los cuidan, les dan de comer, tienen un lugar en donde dormir y se mantienen acompañados.

La parte más difícil fue la despedida, los perros logran que te encariñes en menos de un minuto, no podía resistirme a su tierna mirada. Salí del lugar llorando, fue una experiencia que me tomará tiempo superar.

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