Vivo en un asilo y tengo muchos abuelitos

Me llamo Chabacano, soy un perrito mestizo ex-callejero afortunadamente, me rescató una señora muy dulce se llama Rosa y es la persona más amorosa del mundo, ella es la dueña del asilo, mi  hogar. 

Voy a ser honesto, tal vez no fui rescatado, solo un día decidí plantarme en la puerta del lugar y mi ahora humana me acarició la cabeza y ofreció de comer en cuanto me vio. 

Eso lo hice durante una semana, al parecer ella se encariñó conmigo y ya no me dejó ir. A partir de ese día mi vida es maravillosa, la calle es muy triste, la gente es mala con nosotros; pero voy a omitir mi triste historia, que seguramente se la pueden imaginar, por suerte ahora me llueve el amor.

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Cuando entré por primera vez a la casa que quedé sorprendido, era más grande y había más gente de la que me imaginaba. Me enamoré del jardín, me emocioné tanto que me puse a correr sin parar. Muchas de las personas que estaban ahí se asustaron y pensaron que los iba a tirar, por suerte no fue así.

Llevo tres años viviendo aquí y es el sitio más amoroso del mundo, todos los señores siempre me acarician, algunos juegan conmigo y la parte bonita es que la mayoría me comparten de su comida sin que Rosa se de cuenta, cuando nos cacha nos regaña a todos los involucrados.

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Solo hubo una señora que no me quería mucho, decía que nunca le habían gustado los perros, se llamaba Hilda y no dejaba que me acercara a ella. Sin embargo, cuando enfermó más, cambió mucho conmigo, me buscaba para que estuviera con ella el mayor tiempo posible y así lo hice. 

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Lamentablemente murió hace dos semanas, me dolió mucho su partida, pero al menos tuve tiempo de convivir con ella, platicaba conmigo, me acariciaba y supongo que me agradecía que no la dejara sola.

No es la primera despedida que enfrento, ya van varios señores que mueren porque están enfermos, pero nunca te acostumbras a las pérdidas, todas son tristes y a todos nos afectan. Somos una gran familia y nos duele cuando alguien se va para siempre.

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Ojalá varios de mi especie tuvieran la oportunidad de convivir con personas mayores, tienen mucho amor para dar y muchas ganas de vivir a pesar de sus limitaciones corporales. Dicen que son mis abuelitos, no entiendo bien qué signifique, pero me da gusto que me tomen en cuenta.

Gracias Rosa, por traerme a esta casa llena de personas que nos enseñan a que no hay edad para echarle ganas ni para divertirse. Soy un perro adoptado, feliz y afortunado.

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