Me siento solo, mi humano ya no está.

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Dicen que perder un perro es una herida muy difícil de cerrar para los dueños, con ellos comparten por lo menos doce años de su vida en los que nunca faltan los momentos llenos de alegrías, tristezas, enojos, amor, cariño, sinceridad y lealtad. 

También dicen que cuando ese indeseado día llega y  su mejor amigo de cuatro patas se va, la soledad invade a su humano, la casa se siente vacía, su rutina cambia y el dolor es difícil de manejar.

En este caso sucedió al revés, yo soy el amigo de cuatro patas que se quedó sin su humano y tal vez lo anterior sea cierto porque yo me siento así, muy dentro de mí sabía que eso sucedería en cualquier momento, pero no estaba listo.

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Se llamaba Roberto, tenía treinta años y era el mejor humano que pude haber tenido, yo fui un regalo de Navidad que le dio su hermana Marisol y desde que nuestras miradas se cruzaron supimos que seríamos los mejores amigos del mundo.

Solo vivíamos él y yo en el departamento, así fue durante siete años, mi edad actual, y éramos muy felices. Dábamos largos paseos, veíamos películas juntos, me presentaba a sus novias, íbamos a comer a lugares en los que me dejaran entrar y a veces me compartía de su comida.

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Todo iba muy bien en nuestras vidas hasta que un día él llegó llorando y me abrazó muy fuerte, como nunca lo había hecho, recuerdo que dijo: “Todo está perdido amigo”. Me costó trabajo entender qué significaban esas palabras, pero con el tiempo me comprendí que Roberto estaba enfermo.

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La vida cambió, ya no convivíamos tanto, Marisol me cuidaba casi todo el día, él aveces se iba de casa y regresaba una semana después. Nunca me sentí abandonado, aprovechaba al máximo nuestros momentos juntos. 

Pasaron unos meses y yo me daba cuenta de que las cosas no mejoraban, él estaba muy débil y pálido, hasta que llegó un punto en el que ya no se levantaba de su cama, fue ahí cuando supe que nuestra separación era inevitable.

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Una noche estábamos acostados en la cama viendo la televisión como ya era costumbre, de repente se empezó a respirar muy rápido, le gritó a Marisol y ella entró  a la habitación enseguida, pero no pudo hacer nada, a los segundos Roberto se fue. Ese fue el peor día de mi vida.

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Lamento no poder decirles qué tenía mi humano, no sé qué fue exactamente lo que se llevó a quién más amaba.

Ahora vivo con Marisol, ella es buena y se esfuerza por darme una vida similar a la que tenía, pero sabe que es imposible, la relación que tenía con mi humano es irremplazable. No sé qué debo hacer o cómo seguir mi vida sin él.

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